Guillermo Capellán: "La Presidenta del Concejo, Nora del Valle Giménez, sabía TODO
Guillermo Capellán: "La Presidenta del Concejo, Nora del Valle Giménez, sabía que me iban a detener"
Nora del Valle Giménez, Presidenta del Concejo Deliberante de Salta, Argentina, el lunes 10 de febrero de 2003, ya conocía que me habían denunciado por una presunta y falsa violación. Las únicas palabras que repetía Nora ese día eran "a este lo echo ya, ya nos tiene cansados"
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NORA DEL VALLE GIMENEZ
¿Cansados a quienes? Simple: a los funcionarios y concejales del Intendente (Alcalde) Alejandro San Millán. Ellos eran solo cinco con la Presidenta. En realidad todos respondían al ex Senador Nacional Julio Argentino San Millán. A los concejales del samillanismo los "cansaba" mis investigaciones sobre la corrupción del gobierno sanmillanista.

Alejandro San Millán
Ese lunes 10/02/2003, llegué a mi despacho, como siempre, a las 09:00 a.m., traté de ubicar a Nora. Debo haberla llamado 50 veces a su celular. Algo extraño sucedía por cuanto yo era el Presidente de la Comisión de Hacienda y Presupuesto y la Presidenta del Concejo debía atenderme pues teníamos pendientes temas muy importantes de las cuentas municipales.

Julio Argentino San Millán
El martes 11 de febrero, desde mi despacho en el Concejo, llamé a la casa de campo de la Presidenta en San Luis y a su domicilio de la calle Belgrano en el centro de la ciudad. Siempre la misma negativa "la señora Nora no está". El día miercoles 12 se repitieron las evasiones y ausencias de Gimenez. El jueves 13 íbamos a tener una Sesión Extraordinaria para aprobar el proyecto de rechazar la prórroga de la permanencia de las fatigadas esferas de almacenamiento de gas de la distribuidora GASNOR.

Testaferro Romerista Julio Castillo
La norma que íbamos a aprobar significaba develar los acuerdos del Gobierno comunal de Alejandro San Millán, su alineamiento con Juan Carlos Romero y sus negocios con la empresa GASNOR, por cuanto, ellos estaban de acuerdo que la empresa se fuera pero que antes se efectuara el negocio inmobiliario de los predios adyacentes a Chachapoyas con un testaferro: Julio Castillo. Esa era la mama del borrego y la teta en la trastienda de un negociado de casi 32 millones de dólares.

Roberto Elio Gareca
Yo no les servía para tales despropósitos y el plan de la revancha en mi contra de Roberto Elio Gareca recientemente destituido de su cargo de Juez Penal por una denuncia promovida por el abogado René Gómez, a la vez, defensor de mi parte en una denuncia en mi contra por Martín Grande, venía como el anillo al dedo para "rematar un pájaro de varios tiros". Esta es la urdimbre de lo que estaba sucediendo.

El jueves 14, me reuní nuevamente con Alvaro Ulloa, presidente del bloque renovador, tomamos unos mates y preparamos la minuta de la convocatoria a sesión extraordinaria para aprobar el proyecto de erradicación de la planta GASNOR, siempre en base al estudio de impacto ambiental producido por la Universidad Nacional de Salta.

ALVARO ULLOA
Me retiré del Concejo a las 13 hs. acompañado por la periodista Mariela Barraza, mi asesora de prensa y colaboradora de la campaña política, la acerqué hasta la casa de su ex marido en San Luis a dejar a una de sus hija. En ese interín Barraza decide quedarse en ese domicilio y regreso en mi auto a la ciudad.
Mi automovil
PRIMER DIA DE DETENCIÓN
13/02/2003
Observo por el espejo retrovisor que un furgón Fiat Fiorino color blanco trataba de rebasarme y aceleré dejando al vehículo lejos. En el centro de la ciudad el conductor en actitud persecutoria e intidante trata de cruzarse y vuelo a retomar velocidad hasta mi casa del Pajase Saravia 35 del Barrio Monumento Güemes. Previamente llamo a mi ama de llaves Emilia Choque que tuviera el garage abierto porque un vehículo trataba de alcanzarme.

Monumento Gral. Martín M. de Güemes
Me bajo para abrir el garage y un hombre gordo me toma del brazo ayudado por otro urso, me rompen la camisa y tratan de meterme a la furgoneta. Comienzo a gritarle al verdulero del barrio diciéndole me estaban secuestrando. Me forcejearon y me golpearon. Me dejaron los brazos amoratados luego me tapan los ojos y toman velocidad en la Fiat Fiorino sin patente.

Luego me llevaron hasta el Barrio El Tribuno y entonces el gordo se identifica "soy el subcomisario Carlos López" me muestra la placa y concluye diciendo: "usted está detenido por orden del Juez Luis María Agüero Molina". No entendía nada. Era algo inexplicable, horroroso y desesperante. Me subieron a una oficina de la planta alta de la Policía Seccional 7ª del Barrio "El Tribuno".

Seccional 7ª de Policía - Bº El Tribuno
No podía creer lo que me estaban haciendo. Me empujaron y me encerraron en la habitación. Se turnaban para presionarme y repetirme "¡por qué lo violaste!" Yo no respondía, ¿Cómo iba a responder sobre algo que desconocía y que jamás hice? "No te hagás el boludo, vos lo violaste a Emanuel" me decía un Comisario de apellido Guanuco que tenía la cara picada, con orejas grandes y aspecto de duende kafkiano.

Ex Juez Luis M. Agüero Molina
Las horas pasaban y la noche comenzaba a ponerse helada. Estaba desabrigado y sentía un frío tremendo. Las torturas psicológicas no cesaban. Pedía hablar con el juez. Nadie me respondía nada. Pasé en vela la noche y casi al amanecer logré dormitar un poco pero el ajetreo policial tenía olor a fenelina, a ruido de celdas malolientes y a pasos de efectivos de distintos rangos que intercambiaban gritos y risotadas con algunos detenidos.

Luego me bajaron a un patio pequeño donde había una gruta con una imagen de yeso de la Virgen del Carmen, contraste de la fe cristiana acompasada por los apremios y los gritos de los presos que habían pasado por la "maroma" y con las torturas lograban el objetivo de que se hagan cargo de cualquier delito que quedara pendiente.

Al vivir esa pesadilla, reflexionaba: "¿cómo pueden los policías rezar, persignarse e iniciar la fagina con los presos que habían apremiado con el submarino la noche anterior? ¿cómo hacen para acreditar en su conciencia estos actos perversos y a la vez deprecar sus sentimientos religiosos?" Este era el primer día de mi detención en la Seccional Séptima de Policía cuyo Jefe era el Comisario Raúl Rodriguez, un hombre de unos 40 años, blanco y de ojos verdes a quien conocía cuando se desempeñaba como Jefe de la Seccional 2ª. (Página 2 y 3 del libro "El Palacio de los Candados")